sábado, 29 de abril de 2017

Milagros

Es de oro el silencio. La tarde es de cristales.
Decía aquel poeta andaluz,
que ilumina el día,
que pinta la vida
del color de sus andares.
Y por estos lugares,
por ahí,
por ahí,
aún resuenan,
¡Oh mi musa!
Tus cantares.
Sí, es de nuevo,
tu símbolo
que en lo más profundo de la noche,
guía a otro niño díscolo.
Entre los dedos,
en mis frías manos,
cuento con mis palabras,
el dolor,
y la soledad
que sufren mis hermanos.

Sinestesia.

Palabra mágica
que pronunciamos al sentir,
al comprobar,
tu ausencia.

Sinestesia.

Vocablo oculto,
de un mundo,
de otro planeta
que hace latir,
que hace blandir,
el blasón de los poetas.

Sí,
claro que sí,
Princesa,

De color de rosa,
delineas mi prosa,
y,
al resoplar de las marsopas,
construyes mis estrofas.

jueves, 27 de abril de 2017

Princesitas

En mi escuela de poetas,
en mi barco,
en mi nave,
repleta de artistas,
acaricia el talento,
la melena,
ese paño que mece el viento.

En el castillete de popa,
manejando el timón,
va mi Princesa,
mi dulce hechicera,
drigiendo la navegación.

Y las letras,
fluyendo a través del corazón,

Las letras,
me hacen escribir esta canción.

Letras...
tu mirada secreta
tu sonrisa de muñeca...

Por algo soy Poeta.




domingo, 23 de abril de 2017

Europa

De las lunas de Júpiter,
dando giros,
a golpes de vino tinto,
la que más marea al Sol
eres tú,
y
Júpiter,
en el Monte Olimpo,
le da un empujón
a Ganímedes...

Pero tú ya llevas
los vocablos
que te hacen blanca.

Y mis dedos,
en el medio del Universo,
en la inmesidad de la galaxia,
van,
sin remedio,
tecleando las palabras,
tratando,
a oscuras,
de conocer la ataraxia.

Existencia.

Providencia.

Y mi vida vestida de colores,
y en mis ojos,
los sones de los poetas,
de los poetas andaluces,
que traen al corazón
el latir,
el sentir,
de los colores,
y el tinte de las flores.

Ah, Europa!
Gracias a ti
nunca está vacía mi copa.

sábado, 22 de abril de 2017

Canción de otoño en primavera

Decía,
escribiendo
desde Nicaragua,
aquellos versos
que fluyen entre las aguas...
y por más,
que no te quitases
esas enaguas,
llevo en mi corazón,
en mi corazón sin saya,
la cicatriz
de tus ojos,
de esos pestañeos
que avivan las llamas.

Y solo por la calle,
voy,
solo y tarde,
por ese camino empedrado,
por donde se escuchan,
como un eco lejano,
los latidos de mis entrañas.

En mis manos,
En mis manos,
habitan las telarañas.

Pero al verte,
ya sueño
en el mar de Mármara.

Allí,
donde los ojos
pueden ver,
lo que el moro,
quiso y no pudo tener.

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...
¡Mas es mía el Alba de oro!

viernes, 21 de abril de 2017

Pétalos de Oro

Entre las arenas del desierto,
allá,
adonde se escuchan
las canciones del hombre tuerto,
donde reposan,
flotando,
en el mar,
los esqueletos de
de
de
un millón de hombres
de un millón de hombres muertos.

Allá,
mucho más,
en las cuevas,
en las cuevas de Alí-Babá.

Donde el rugir de los tambores
hacen la noche vibrar,
donde el fuego de los cañones
hacen el mundo temblar.

Y en el fondo,
en el fondo del mar,
se reflejan
tus pupilas al pestañear.

Y son tus pétalos,
tu mirada dorada,
la que ilumina
el mundo,
el mundo submarino
y su llamada.

Y en la playa,
los poetas,
entre los dedos,
ganamos las palabras,
para describir
tu belleza,
tu belleza,
alada y de princesa.


domingo, 16 de abril de 2017

Hojas de asfalto

Voy por tus calles,
por tus calles azules,
sin saber,
desconociendo mi destino.
Lo reconozco,
voy pensando en las nubes.

En mi planeta,
ese que gira alrededor del sol
brilla tu dulzura,
tu dulzura,
que es más suave que el vino.

Y en minúsculas
mis zapatos pisan las baldosas,
las frías baldosas,
ese camino alabastrado de futuro.

Y sin tener un duro.

Las calles no cambian de color,
al ritmo que pinta tu amor.

Y mi vida,
se enciende con las llamaradas,
que dibujan,
tus guiños,
tus labios de rojo pintado
y el calor de tus miradas.


sábado, 15 de abril de 2017

Lutecia

De vez en cuando,
así,
como si nada,
entre tanto,
mis sentidos
se dan cuenta
del compás de mis latidos.
Caminando,
a lo largo del río,
dentro de mí,
ya no tengo frío.

Cuando te miro.

Esos ojos,
esa boca,
esa mujer
que vive más allá,
en ese infinito que
jamás
derrotará el olvido.

Baco,
el dios del vino,
te contempla
desde el Olimpo,
latiendo,
sintiendo,
y en las manos
un racimo de uvas.

Y el amor,
ya sin dudas.
El amor
se vuelve a pasear
glorioso
por tus viejos bulevares,
en las palabras
del Parnaso,
de aquellas joyas
exquisitas,
que se forjan
al calor
de tu mirada bendita.