sábado, 3 de diciembre de 2016

Chamberí

El sol,
ya sean estos días de invierno,
baña de igual manera nuestra cara blanca.

Cuando tienes 18 años,
y te vas de casa,
y dejas las huellas

marcadas,
en el corazón de una madre,
como ligeras pisadas que
palpitan al compás de su pena eterna.

Y en en la Soledad,
sientes a tu hijo respirar.

En la inmensidad de la galaxia,
puedo contar,
entre los dedos
puedo relatar,
que mi vida,
mi vida,
son las palabras
de un poeta tembloroso,
y,
en la acera,
caminando,
al sentir tus dedos,
tus caricias,
tu mirada,
tu dulzura,
aunque el invierno sea frío y sea largo.

Derrites,
los témpanos
que asoman por las esquinas.

Y mi vida por delante ante este lago amargo.

Aunque el invierno sea frío y sea largo.

domingo, 27 de noviembre de 2016

Sones del mar Caribe

En las calles de Santiago,
al sur de Cuba,
entre sus casas resquebrajadas,
no resonarán,
los ecos perdidos,
que al otro lado del mar,
despiden
a los que de este mundo se van,
allá,
en donde habita el olvido.

No atronarán,
retumbando bajo el silencio
de los balcones engalanados,
los pasos fúnebres
que a los muertos
acompañan,
entre rosas y claveles,
nomeolvides y
oropeles,
hacia ese paraíso soñado.

Recorrerá el Comandante,
por última vez,
a hombros de sus compadres,
el edén conquistado,
de agua azul rodeado,
mar de piratas ganado.

En un ataúd de pino,
descansarán sus barbas
crespadas,
mientras alrededor de la caja,
millones de hormigas,
pululan cantando,
que la muerte
no es de verdad
cuando se cumple bien con la vida.


sábado, 19 de noviembre de 2016

Ultraísmo

Si las palabras,
los sonidos
que emite nuestro corazón,
se pudiesen materializar,
y lográsemos
que en vez de perderse
se convirtiesen en mariposas,

y pudiese,
de nuevo,
repetir
las horas de angustia,

Cuando recorría
tus calles en la desvencijada bicicleta,
y esas nubes,
la niebla,

Y nuestra Virgen,
mi mamá se llama María,
en cada esquina de Italia,

En cualquier margen de España.

En las catedrales de Francia,

En los acantilados de Inglaterra,

En el uniforme de un soldado de Alemania.

Y van,
pues,
los guiños de las golondrinas
aleteando,
y graznando,
mientras las plumas pintan
de verde el día,
Sí,
Esperanza,
luz y dulzura,
¿te acuerdas?
Verde que te quiero verde.

viernes, 18 de noviembre de 2016

Espectros del pasado

Son mis noches tristes,
las visiones de un pasado
que de coral se viste.

Viejas mujeres,
dibujadas,
delineadas
con los colores
que al corazón desvisten.

Pasea,
recorre la solitaria avenida,
se desliza a lo largo y ancho,
pintando la realidad
con la pátina
que su ligera
y
suave sonrisa
llama felicidad.

Al atardecer,
cuando las negras nubes
se abalanzan,
arremetiendo contra
la Libertad,
va,
respirando,
en tanto el viento
acaricia su divina melena.

Al aire,
al aire libre,
que besa su cabello,
haciendo tirabuzones,
mientras la Luna
hace retroceder las aguas,
al calor
del brillo
que encrespa
y hace llorar a los tiburones.

Es el Siglo XIX,
momento,
lugar,
donde refulgen tus palabras,
inmortalizando
tus pasos,
las celestiales pisadas
que tus tacones
transforman en miles,
millones de
miradas.

Ya no recorren fantasmas,
ni polizontes,
los muelles
de ese mundo
ya eclipsado;

Tan solo resuenan,
por las desguarnecidas
callejuelas
de Asturias,
los ecos,
el susurro
de tu perfume inmortal,
que desde Montparnasse,
impenitente,
me envía esta Poesía,
curándome el alma,
cerrando la herida,
augurando un nuevo día,


domingo, 6 de noviembre de 2016

Mal de amores

En Otoño el Sena, en la ciudad de la Luz,
baja cargado de hojas caídas de los árboles,
que,
como un viejo amor,
recorren los campos al compás de las aguas silenciosas.
Y entre sus cuatro puntas llevan,
grabadas,
las mismas sístoles de algún querer perdido.
Contempla el amante desesperado,
antes de tirarse al río,
al ver escaparse las vetas argentas en donde
se refleja la Torre de Hierro,
descifra,
en ese papel que se desliza entre los torbellinos,
la palabra de la mujer amada,
que le promete una sonrisa,
una caricia,
la vida entera.
Y envuelto,
pues,
de nuevo en su capa y en su sombrero,
vuelve a enfundar la espada,
convencido que la vida,
que la vida,
triunfará sobre la nada.




sábado, 29 de octubre de 2016

Amores frágiles

Decía Dámaso Alonso que en Madrid recorrían las calles un millón de cadáveres, con los ojos redondos y las manos ensangrentadas, como en una serie de AMC, tratando, infructuosamente, de devorarnos el cerebro.

Y es que las promesas, pesan poco, como las palabras, son débiles, dejándose oscilar por el viento que se asoma por cada esquina, alejándose al otro lado del mundo.

Como prueba de su inconsistencia y volatilidad.

Cuando te tocas las manos, después de llevar soñando toda la noche, aún palpas los dedos y las uñas de las manos, tras de visionar gente que no conoces en el centro de la puta cabeza.

Y si en Madrid, Don Dámaso pontificaba, en Oviedo, Don Ramón nos relató a los pocos bohemios que aún restan al caminar, que las palabras se van haciendo, hora tras hora, al calor del corazón.

Para sonreír.

Sueños lívidos, pintados de blanco, con las nubes de ese cielo que esconde nuestro futuro inmortal, regalándonos flores pintadas de rosa en nuestro funeral,

Y cuando estemos solos, cuando nos miren con esos ojos de mierda, y ese latir ausente; me vuelva a  mirar los dedos de las manos, esperando, en silencio, que pueda poder escribir todo esta soledad que siento como mía, y que algún día me liberes de este peso que a todas luces es injusto.

Yo te quiero lo mismo que tú me quieres a mí, Gran Señor.

viernes, 21 de octubre de 2016

Las maravillas de Alicia y su país maligno

Y ahora, qué puedo decir.

Extrañándote, mientras estás con otro,

Ay,

qué vida tan perra, después de ver el calibre y el volumen de tus mentiras.

Y ahora, gracias a ti voy a volver a ser un novelista.

Con mayúsculas.

Apúntate el tanto.

Camina tranquila,

vidina.

y de paso al paro también te puedes apuntar.

Porque no aguantes,

las bragas entre las piernas.

No queriendo ser tan solemne,
como bohemio de París, he de decir que en las horas solitarias mientras el cabello acariciaba el viento, y los renacuajos del Sena lanzaban sus tiernos eruptos hacia la seda de tus labios, y del pestañeo de tus grandes ojos marrones, he cambiado a la mismísima Angelina Jolie, por el susurro de tu corazón, por el pestañeo sin igual de tu recuerdo, por el mensaje inmisericorde que acompaña a tu mirada de pena, que en su latir destrozado no hace más que dar sentido para atestiguar que no, que ya no te quiero.